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¿Y si tu vocación no nace del futuro, sino del pasado?

Del Fondo del Cielo (IC), al Medio Cielo (MC)

Hay una línea invisible en la carta natal que une el Fondo del Cielo (Casa IV) y el Medio Cielo (Casa X). Es el eje que va del hogar al mundo, de lo íntimo a lo público, de la raíz al fruto.


🌗 Las raíces que empujan al cielo

La relación entre el Fondo del Cielo y el Medio Cielo en la carta natal


Hay una línea invisible en la carta natal que conecta dos puntos opuestos y esenciales: el Fondo del Cielo (Casa IV) y el Medio Cielo (Casa X).Uno representa nuestras raíces, el otro nuestro destino visible.Entre ambos se dibuja la trayectoria de toda una vida: de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos.


El Fondo del Cielo es el lugar más íntimo del mapa.Allí se esconden nuestras memorias familiares, la atmósfera emocional de la infancia, los silencios de la casa, las repeticiones heredadas. Es el territorio donde aprendimos qué era el amor, la seguridad o el peligro.A veces es una raíz nutritiva; otras, un ancla que nos retiene.


En el extremo opuesto, el Medio Cielo señala el punto más alto del cielo en el momento de nacer.Simboliza nuestra vocación, propósito y proyección social. Es el escenario donde queremos dejar huella, donde el alma busca expresarse a través del hacer, la profesión, la obra o el ejemplo.Pero ese impulso hacia el mundo no surge de la nada: nace de lo que llevamos en la raíz.


Cada vez que nos cuesta definir una vocación, mantener un rumbo o confiar en nuestro talento, conviene mirar hacia abajo.Tal vez hay un pacto invisible con la familia que aún nos condiciona:“no te muestres”, “no fracases”, “no brilles más que nosotros”.O, por el contrario, una herencia de exigencia: “debés triunfar”, “debés sostenerlo todo”.En ambos casos, el pasado sigue dirigiendo la obra desde bambalinas.


El Fondo del Cielo y el Medio Cielo forman un eje dinámico: uno alimenta al otro.Cuando negamos nuestras raíces, el impulso vocacional se vuelve vacío, mecánico o sin sentido.Cuando permanecemos atrapados en la cueva familiar, la vida se estanca, el deseo se apaga.Solo cuando reconciliamos ambos polos, la energía fluye: el pasado se convierte en abono y la vocación florece.


Preguntate:


¿Estoy honrando mi historia o repitiéndola?


¿Estoy creando algo nuevo o reparando algo antiguo?


¿A quién sigo siendo fiel, incluso cuando me duele?



Comprender este eje es entender que la vocación no surge del futuro, sino del pasado transformado. No se trata de cortar las raíces, sino de nutrirse de ellas sin quedar atrapado.El árbol no reniega de su raíz… pero tampoco se entierra en ella.


Cuando el Fondo del Cielo se ilumina con conciencia, el Medio Cielo deja de ser un ideal inalcanzable y se convierte en una consecuencia natural.Porque el verdadero éxito no está en subir, sino en subir sin olvidar de dónde venimos.



¿Querés descubrir cómo este eje se expresa en tu carta natal?Podés solicitar una lectura personalizada aquí o escribirme directamente en Instagram: @laesenciadelsol2

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